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Su familia lo abandonaron en un asilo y murió, pero antes dejo algo debajo de su almohada que los hizo llorar

Un padre es el obsequio más apreciado que todos recibimos y que debemos apreciar con todas las fuerzas. No obstante, algunos hijos no se sienten agradecidos con sus padres y no le dan la atención que meritan. Es muy triste ver como los abuelitos mueren abandonados en estos lugares, sin familia, siquiera una visita de vez en cuando, simplemente los dejan allí para que otro se haga cargo de sus necesidades hasta que abandonan este mundo terrenal. Hacer esto no solo es penoso e indignante, sino que es también una lástima que sean abandonados de esta manera, ya que en algún momento fueron estos ancianos quienes nos criaron, sin ellos no estaríamos donde estamos ahora.

Nos cuidaron y criaron cuando éramos bebés, lo mínimo que podemos hacer por ellos es prestarles la misma atención cuando son mayores.
La Poesía de este adorable abuelito
Cuando me miras ¿Qué ves?
¿ves a un hombre enfermo sin ganas de vivir?
¿Qué piensas cuando me ves?

¿Ves a un anciano, un poco torpe
con hábitos despreciable y mirada lejana
al que la comida simplemente le cae en la boca
y no responde a nada?
Ustedes todavía siguen tratando de que coma
y dicen en voz alta ¡Al menos inténtalo y pruébala!
Alguien que pierde su calcetín y sus zapatos
quien queriendo o sin querer les deja realizar su trabajo conmigo

Un viejo que extiende sus horas de baño y de comida
solo para acortar la duración de sus días
¿Es eso en lo que piensan cuando me ven?
Abran los ojos y véanme bien enfermeros…
No me están mirando a mi
Yo les diré quién verdaderamente soy.

Soy un bebé recién nacido
a quien su madre le da de comer.
Soy un niño de 10 años con padre, madre,
hermanos y hermanas que se quieren mucho.
Soy un adolescente de 16 años con mucha energía
quien sueña con encontrar en los próximos años la mujer de su vida.
Un novio de 20 años con el corazón latente por su dama,
que a los 24 años ya se ha casado con esa persona especial.
Soy un joven padre que cría a sus hijos.
Ya con 30 años y mis pequeños han crecido rápido,
pero hago lo posible por pasar ratos con ellos
para cultivar una relación que ha de durar mucho.

A mis 40, ellos ya son pre adultos y siguen creciendo,
unos ya se fueron de la casa, otros también se casarán,
pero a mi lado siempre estará mi querida esposa.
Con 50 años vuelvo a tener un bebé en mis brazos,
la alegría de ser abuelo es incomparable.
Los niños juegan en mis piernas y se divierten.
Las fuerzas se van, la gracia desaparece,
te vuelves un puro cascaron,
aunque el joven introvertido todavía viva dentro.

Me acuerdo de las alegrías… del dolor,
Amo… vivo la vida de nuevo,
Pienso en los años, en lo rápida que se van,
entonces acepto la dura realidad,
Nada es para siempre.
Por eso enfermeros, les pido que abran los ojos.
No vean al anciano colérico,
acérquense más, un poco más,
¡Véanme a mí, al verdadero yo!
Sin duda, esta carta debería hacernos reflexionar mucho en la atención que le damos a nuestros padres. Especialmente cuando están viejos es cuando más nos necesitan. Por eso, no los abandonemos, y démosle la atención que ellos se merece.

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Autor: pedromelo

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