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En su último año, Obama busca mantener la ofensiva 

 

ARCHIVO - Foto de archivo, 19 de noviembre de 2015, del presidente Barack Obama en la cumbre de APEC en Manila, Filipinas. Al iniciar su último año en la Casa Blanca, busca mantenerse a la ofensiva. (AP Foto/Susan Walsh, File)
ARCHIVO – Foto de archivo, 19 de noviembre de 2015, del presidente Barack Obama en la cumbre de APEC en Manila, Filipinas. Al iniciar su último año en la Casa Blanca, busca mantenerse a la ofensiva. (AP Foto/Susan Walsh, File)

WASHINGTON (AP) — En junio, durante uno de los mejores tramos de su presidencia, Barack Obama andaba a las zancadas por un pasillo de la Casa Blanca y exclamaba, “¡Ofensiva! ¡Mantengamos la ofensiva!”

Era un grito de aliento a una Casa Blanca que parecía por fin pisar fuerte en el último cuarto del gobierno de Obama. Avanzaba el acuerdo comercial Asia-Pacífico, lo mismo que la apertura diplomática con Cuba y un histórico acuerdo nuclear con Irán. La Corte Suprema ratificó una cláusula crucial de la acosada ley de seguro de salud y legalizó el matrimonio gay en todo el país. En medio de la angustia provocada por una masacre en una iglesia en Charleston, South Carolina, el emotivo discurso fúnebre del presidente resonó en los corazones.

“Dije a principios de este año que en el cuarto trimestre suceden cosas interesantes” y todavía no hemos recorrido la mitad”, dijo Obama en su habitual conferencia de prensa de fin de año.

Sin embargo, el séptimo año de su presidencia mostraron nuevamente los límites de su actitud cauta y moderada ante las crisis internacionales, sobre todo en Oriente Medio.

Los ataques en París y en San Bernardino, California, acentuaron el miedo a los ataques terroristas en tierra estadounidense y los intentos de Obama de reconfortar a la población cayeron en oídos sordos. Adicionalmente, la serie aparentemente interminable de matanzas en distintas partes del país echó una fuerte luz sobre los límites al poder de Obama para aplicar las medidas de control de armas de las que habla con tanta pasión.

Obama contempla 11 meses hasta la elección de su sucesor en unos comicios que aparecen como un referendo sobre su liderazgo en el país y el exterior. Muchos republicanos lo detestan y le recuerdan constantemente el incumplimiento de su promesa de campaña de sanar las profundas divisiones en Washington, pero sigue siendo popular entre los demócratas y prevé cumplir un papel en la campaña elector de quien resulte candidato.

El presidente tiene un año final con al menos media decena de viajes al exterior, incluso probablemente a Cuba. La agenda legislativa de la Casa Blanca se concentra principalmente en los aspectos en que sus prioridades coinciden con las de algunos republicanos, como la aprobación del pacto comercial Trans-Pacífico y la reforma de la justicia penal, pero también tiene en estudio medidas ejecutivas controversiales como la ampliación de la verificación de antecedentes en la compra de armas y el cierre de la cárcel de Guantánamo.

“Sabemos que nuestro tiempo es limitado”, dijo Jennifer Psaki, la directora de comunicaciones de Obama.

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En ocasiones parece que el segundo período de Obama retrocede.

Tuvo problemas para aprovechar su contundente victoria reelectoral en 2012 y anduvo a los tropiezos durante un tramo de dos años en los que quedaron al desnudo los límites de su poder y se convirtió en un lastre para su partido. El punto de inflexión vino insólitamente con la derrota electoral de su partido en las legislativas de 2014: a partir de ese momento comenzó uno de los años más productivos de su presidencia y Obama se convirtió en un aliado político valioso para Hillary Clinton, la precandidata demócrata que encabeza las encuestas.

Los asesores dicen que la sentencia de la Corte Suprema en mayo, que ratificó los subsidios que son el meollo de la ley de seguro de salud, fue un gran alivio para Obama. El fallo garantiza que la ley se prolongará más allá de su presidencia, por más que los precandidatos republicanos prometan derogarla.

Obama considera que el acuerdo nuclear con Irán, el pacto comercial con el área del Pacífico y el amplio acuerdo sobre cambio climático alcanzado semanas atrás en París son ejemplos de cómo Estados Unidos debe emplear su poder en el escenario mundial. Los acuerdos han estado en el centro de los debates preelectorales durante largos períodos, algo que enorgullece a una Casa Blanca ávida por demostrar que el presidente aún en sus meses finales sigue siendo el político más influyente del país.

No obstante, Obama no ha podido sustraerse al Oriente Medio. Por más que intenta volcarse al continente asiático o presentar la una imagen diferente de la política exterior, basada en la diplomacia más que en el poderío militar, la región volátil sigue siendo la fuerza dominante para forjar la imagen de su política exterior.

Casi todos los precandidatos —incluida Clinton, su ex secretaria de Estado— piden una actitud más agresiva para combatir el Estado Islámico. Obama ha penetrado por cuentagotas en el conflicto militar, incluso se ha retractado de su negativa de poner tropas en el terreno en Siria, pero en general se atiene a su estrategia inicial de combatir al grupo extremista desde el aire.

Sin embargo, debido a los ataques terroristas en París y California, una lucha molesta pero distante contra los milicianos del Estado Islámico ha pasado a ser la principal preocupación de muchos estadounidenses. Los asesores de la Casa Blanca dicen que Obama es muy consciente de que evaluó mal el nivel de ansiedad del público frente al terrorismo y debe apresurarse a contrarrestar lo que considera la retórica sobrecalentada de los precandidatos republicanos que llenó el vacío creado por su tibia reacción inicial.

Los asesores dicen que la presentación de una alternativa a los republicanos en política exterior y otros asuntos ocupará una parte central de su último discurso del Estado de la Unión al Congreso el 12 de enero. La fecha es un poco anterior a la habitual, con la intención de darle un margen al presidente antes de que comiencen las primarias. Partió hacia sus vacaciones anuales en Hawaii con un borrador del discurso en la mano.

Julian Zelizer, especialista en historia política de la Universidad de Princeton, dijo que no será suficiente un buen discurso para convencer a la opinión pública de sus aptitudes en materia de seguridad nacional.

“Solo puede ganar terreno con victorias concretas en las cuales la gente pueda ver los avances logrados”, dijo Zelicer. “Es un aspecto en que sus políticas tienen que mostrar resultados”.

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Al finalizar 2015, Obama prometió que hará mutis por el foro durante su último año, pero es un realista consciente de las escasas oportunidades legislativas que puede tener un presidente demócrata con un Congreso de mayoría republicana en un año de elecciones.

Su agenda legislativa es relativamente modesta e incluye la aprobación del pacto comercial del Pacífico, la reforma de la justicia penal, medidas para la crisis de deuda de Puerto Rico y programas para financiar la lucha contra el brusco aumento del consumo de opiáceos.

Algunos republicanos dicen que están dispuestos a colaborar con el presidente en su último año.

“Si se contempla lo que hemos podido hacer con él este año, eso nos muestra la clase de cosas que podemos hacer el año entrante”, dijo el senador Cory Gardner, de Colorado. “Trabajamos muy bien en la reforma educativa, la ley de autopistas, las leyes sobre tráfico de seres humanos, de modo que este año pudimos lograr importantes avances bipartidistas”.

El senador Roger Wicker, de Mississippi, sostuvo que habrá “muchas oportunidades” para colaborar con el presidente en su último año.

Desde luego que el legado de Obama depende mucho más del resultado de las elecciones que de la agenda legislativa de 2016. Puesto que muchos de sus logros más importantes han sido producto de medidas ejecutivas, un presidente republicano podría derogarlas en gran medida, mientras que un sucesor demócrata probablemente las ratificaría y aún ampliaría.

Los asesores de la Casa Blanca dicen que el presidente arde en deseos de hacer campaña por el candidato presidencial y por candidatos a otros puestos. El hecho de quedar al margen de la campaña por las legislativas de 2014 lo irritó sobremanera, cosa que sus ayudantes no dejaron de enrostrar a la conducción del partido tras la amplia derrota.

Esta vez, Obama no esperará una invitación del candidato demócrata para elaborar sus planes.

“Tendré un sucesor demócrata y haré campaña con toda energía para que eso suceda”, dijo.

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Por JULIE PACE

Los periodistas de The Associated Press Alan Fram y Deb Riechmann contribuyeron a este despacho.

Autor: pedromelo

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